Muchas amigas y clientas me preguntan cómo hago para estar tan llena de energía. Soy una persona muy activa e inquieta, algo coqueta y que disfruta con su trabajo. Procuro alimentarme bien, descansar lo necesario y hago a diario una serie de sencillos ejercicios que me ayudan a afrontar los retos y exigencias diarias de mi profesión. Me gusta cuidarme y sé que lo necesito para realizar bien mi labor.
Reconozco que mi trabajo puede llegar a ser duro y son muchas las veces que he visto a masajistas o compañeras de profesión acabar agotadas después de dar un simple masaje o tras una jornada laboral.
Cuando trabajo, procuro cuidar mi postura corporal y mi respiración, y lo más importante me preparo para hacerlo bien. Una de las claves está en el automasaje. Lo practico a diario y soy constante.
Los masajistas profesionales son conscientes de los maravillosos efectos que un buen masaje tiene sobre el cuerpo y el ánimo de una persona. Lo saben, porque ven a diario el resultado de su trabajo. Sin embargo, son muchos los que no aplican sus conocimientos sobre sí mismos.
Prepararse para dar un masaje es fundamental. Una buena preparación evita acumular tensiones que nos acabarán produciendo molestias y provocando cansancio. No es posible dar un buen masaje en estas condiciones. Sentir molestias de cualquier tipo dificulta la concentración, algo esencial para hacer un buen trabajo. Además, nuestras manos acusan las tensiones y las transmiten a los demás, pierden tacto, agilidad, flexibilidad y firmeza. El automasaje es una gran ayuda para recuperar rápidamente la energía perdida, eliminar tensiones y evitar la fatiga.
Pero el automasaje, no es sólo una práctica altamente recomendable, por no decir imprescindible, para aumentar el rendimiento de cualquier masajista. Todos deberíamos incluirlo en nuestras rutinas diarias de cuidado personal.
En estos tiempos de estrés y prisas continuas, dedicar unos minutos diarios a cuidar de nosotros mismos es una cuestión de salud. El desgaste diario produce endurecimiento, rigidez, agotamiento y dolor en nuestros músculos y tejidos; estos efectos pueden ser contrarrestados naturalmente y sin peligro, manteniendo el cuerpo a tono.
Aprender a aplicarse masajes uno mismo es una buena forma de conocer el propio cuerpo y de ayudarse a ganar en calidad de vida.
Generalmente, se habla de dos tipos de masaje (como el automasaje no es otra cosa que un masaje aplicado a nosotros mismos, la siguiente distinción también es válida para él):
Energizante: Movimientos de abajo hacia arriba, para favorecer la circulación. Consta principalmente de fricciones o frotaciones rápidas y enérgicas, amasamientos superficiales y veloces; sacudidas, golpeteos y percusiones rítmicas. Cinco minutos bastarán para cargarse de energía.
Relajante: Movimientos más lentos, suaves y profundos, también en dirección al corazón. Consta fundamentalmente de fricciones, amasamientos, pases circulares y, aunque merece la pena dedicarle más tiempo, con diez minutos bastará para contribuir a nuestro bienestar.
Un automasaje energizante nos ayudará a hacer frente con optimismo a todas las actividades que componen una jornada. Del mismo modo, un automasaje relajante puede servirnos para restablecer el equilibrio perdido por las tensiones diarias y ayudarnos descansar o a disfrutar de nuestro tiempo de ocio.
Aplicarse un automasaje es fácil y no requiere mucho tiempo ni grandes conocimientos para conseguir buenos resultados. De hecho, instintivamente todos lo hacemos de alguna forma cuando sentimos dolor o tensión. Tampoco requiere más recursos que nuestras manos, si bien es cierto que el uso de aceites o cremas ayuda al deslizamiento de las mismas y sirve para hidratar la piel. También se puede aprovechar el automasaje para aplicarnos algún tratamiento que potencie sus efectos. Es aconsejable masajear todo nuestro cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, para detectar zonas de tensión y detenernos más en ellas.
No voy a describir aquí cómo tratar cada una de las partes del cuerpo. Existen muchos libros y artículos que lo explican con detalle y cualquiera de ellos puede ser útil para hacerse una idea, aunque lo ideal es siempre aprender de un profesional para aprovechar mejor sus cualidades. De cualquier forma, el masaje es algo tan natural que difícilmente podemos causarnos ningún daño si seguimos nuestro instinto y prestamos atención a nuestras sensaciones, a lo que nuestro cuerpo nos dice.
Baste decir, como norma general que el automasaje debe ser agradable, por lo que debemos evitar movimientos bruscos o dolorosos. Nuestras manipulaciones deben ser suaves sobre las zonas óseas y más fuertes, profundas o vigorosos en la musculatura.
Cabe señalar, además, que la piel es el órgano más extendido de nuestro cuerpo y que es lo primero que establece el contacto con el mundo exterior. Una gran cantidad de sensaciones son percibidas a través de la piel: frío, calor, placer, dolor… Por ello, y para disfrutar más y mejor de un buen automasaje es recomendable cuidar algunos detalles.
Así, por ejemplo, y aunque un masaje puede hacerse en cualquier ambiente, conviene que éste sea cómodo, ni frío ni excesivamente caluroso para que no afecte a nuestra concentración y debemos evitar las corrientes de aire. Si nos damos un automasaje después de la ducha, nuestra piel estará mejor preparada para ser hidratada y los tratamientos o aceites que se apliquen permanecerán más tiempo en ella.
Por lo demás, si el objetivo es relajarse, conviene evitar todo elemento de distracción (si es posible, descolgar el teléfono para que no nos interrumpan), ir al servicio antes de practicarlo, evitar realizarlo con el estómago lleno o excesivamente vacío (sensación de saciedad o hambre) , con sueño o en estado de crispación. Hay que procurar aislarse, olvidarse de lo que ocurre en el exterior, parar nuestros pensamientos y sentir nuestro cuerpo.
Éstas son las condiciones ideales para obtener los mayores beneficios de un automasaje, aunque cualquier momento es bueno para dedicarse unos cuidados. La práctica diaria dará sus resultados y, aunque no se vean inmediatamente, hay que tener paciencia y seguir practicando, pues llegarán en su momento.
Un automasaje puede ser también algo lúdico, un momento para estar a solas con nosotros mismos, vaciando la mente de preocupaciones. Combinado con aromaterapia, luces suaves, velas perfumadas y una música agradable puede convertirse en una experiencia fantástica.
Cuídate, está en tus manos.
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